22.7.05

¡La bolsa, la casa y la vida!

Al igual que los hijos de desaparecidos por la dictadura argentina, cansados de esperar una justicia de los tribunales que nunca llegaba, hartos de sentir impotencia, se lanzaron a las calles, a marcar las casas de los torturadores de sus padres, para producir un momento de rechazo social desde abajo y, así, también de justicia, las precarias, hartas de sufrir en solitario las mil y una situaciones de humillación cotidiana ligadas a la precariedad en el trabajo, en la vivienda y en los espacios urbanos, en el transporte, en la educación y la sanidad, en los cuidados y los afectos, hemos comenzado a lanzarnos a la calle para responder colectivamente a cada una de estas injusticias y marcar a los responsables. Así, hemos empezado a hablar de marcajes precarios: gestos de desafío desde y contra la precariedad que promueven el repudio social de las prácticas voraces de precarización de la vida y crean comunidad entre las precarias rebeldes.

Nuestro último blanco fue una empresa de seguros que cuenta con un departamento inmobiliario con edificios en todo el Estado español (España S.A.) y que tiene una política de alquileres especialmente agresiva, dirigida a asegurar una máxima rotación de los inquilinos y, con ello, una subida constante de los precios y, por ende, de los beneficios. Compañeras nuestras están en estos momentos afectadas por un proceso de desahucio de este tipo, pero no son las únicas: muchas personas, en especial aquellas que eligen vivir en pisos compartidos (y, así, desprecarizarse un poco, compartiendo el alquiler, los gastos de las facturas, pero también las penas y las alegrías de la vida en la cuerda floja), han sufrido o sufren procesos semejantes a manos de esta compañía.

El objetivo de la acción era, por lo tanto, doble: por un lado, contactar con otros inquilinos de España S.A. afectados por procesos de desahucio; por otro, dejar una primera marca, casi un aviso de «aquí estamos y volveremos», en la sede de la compañía. A su vez, este modesto marcaje precario se enmarcaba dentro de las jornadas de acciones, derivas y encuentros impulsadas por distintos colectivos e iniciativas sociales de Madrid bajo el lema «Rompamos el silencio» (http://rompamoselsilencio.net/).

Así, una tarde de un jueves de julio, una centena de personas nos reunimos en un edificio okupado en el centro de Madrid, convertido en sede provisional de estas jornadas de lucha social conocidas como «Rompamos el silencio». Nos dividimos en distintos grupos y fuimos a varios de los edificios que España S.A. tiene en la zona centro de Madrid, para pegar un bando municipal que anunciaba que esta Compañía Nacional de Precarizaciones había recibido la Medalla al Mérito en el Desahucio. Además, pretendíamos encuestar a los vecinos: ataviados con una gran pegatina donde se podía leer «Desahucios S.A.», recorrimos portales, porterías y pisos –«Buenas tardes, venimos del departamento de Desahucios de España S.A. La empresa ha encargado una encuesta sobre las modalidades preferidas de desahucio. Cuando le llegue la hora ¿cómo le gustaría ser desahuciada?». El cuerpo no siempre nos daba para mantener una compostura tan teatral y entrábamos de manera mucho más directa: «mira, compañeras nuestras que alquilan un piso a España S.A. están afectadas por un proceso de desahucio y estamos preguntando a otros inquilinos de esta compañía qué opinan de su política de alquileres, si conocen casos semejantes...». Mucho de los edificios estaban medio vacíos y en proceso de reforma, o con la reforma recién terminada: los desahucios, claramente, habían llegado más rápido que nosotros. En otros, pudimos hablar y mucho...

Dos horas más tarde, los grupos volvían a reunirse en la Plaza de Alonso Martínez. Otro centenar de personas se nos había sumado entre tanto. Conversaciones cruzadas, nervios, palique... y ¡acción! 15 minutos más tarde, un desafiante grupo de unas doscientas personas subía por la calle Hermosilla, jaleando ante los atónitos viandantes: «España S.A. vende precariedad», «Manos arriba, estás desahuciada» y «Huerta Ballester [representante visible de la empresa], denunciarte es un placer». Al llegar a Príncipe de Vergara a la altura de los números 36-38, al grito de «al abordaje», cruzamos la calle corriendo para marcar el flamante palacio rosado que esta compañía tiene en pleno barrio de Salamanca. Pegada de bandos, pintadas, algarabía: ¡ole ole ole! Un empleado de la compañía asomó la cabeza, atónito: no podía creer lo que estaban viendo sus ojos. Y tampoco podía hacer nada más que llamar a la policía... Que efectivamente llegó, también atónita: «¡pero qué guarrería es ésta!» –increparon. Antes de que pudiera haber ningún percance o identificación policial, el grupo se recogió, cuidando de que nadie se quedara atrás, y volvió al metro cantando «Precarias, precarios, saliendo del armario». Rápido y eficaz, aunque no limpio, todo hay que decirlo.


Algunos relatos de las incursiones para encuestar a los inquilinos


Carretas 31
7 de julio de 2005

La columna de coinvestigadoras, buscadoras de aliadas y ofertadoras de alianzas, se desplaza hacia el destino adjudicado, Carretas 31, llena de excitado y alegre nerviosismo.

La despistada cheer leader (es decir, la narradora), encargada de ir guiando al grupo durante su periplo, se equivoca en un principio de destino y lo conduce a un portal equivocado. En un primer momento, cunde la paranoia: ¿acaso la jauría de avezados espías de la agencia de detectives de España S.A. ha llevado a cabo una inesperada y eficaz acción de contraespionaje dirigiéndonos a un portal inexistente? Un puntito de emoción seguido de un amago de decepción inunda al grupo… La guía, inquieta, repasa la chuleta de su cometido. Vaya, no se trata del 41, sino del 31,… Rubor y suspiros de alivio: la misión continúa.

Por el camino, el grupo de más o menos 12 personas se estira, concentra o dispersa según las necesidades del trayecto, que facilita los encuentros múltiples de unas con otras. N. cuenta que a él también le habían denunciado y amenazado de juicio y de desahucio por estar compartiendo piso con unos amigos entre los cuales ya no se contaba aquel a cuyo nombre se había hecho en su día el contrato. Cuenta que se fueron: ¿cómo pensar en afrontar solos un juicio de desahucio? Además, uno da por hecho que lo que hace es efectivamente ilegal por no ajustado a las cláusulas del contrato y que, por lo tanto, tiene todas las de perder… Nos falta información y puesta en común de estas experiencias: ¿hasta qué punto una persona a cuyo nombre figura el contrato de alquiler de la casa puede vivir en la misma con quien le plazca?, ¿depende de cada contrato?, ¿cuál es la normativa de tipo general?, ¿cómo podríamos defendernos de la voracidad especulativa de la gran propiedad inmobiliaria contando con nuestros pocos recursos, pero nuestras muchas ganas de cambiar las cosas? Nos asaltan un montón de cuestiones.

Por fin, llegamos al número 31. El edificio se encuentra en obras y está lleno de currelas que suben y bajan y nos miran con curiosidad. Les explicamos que queremos hablar con los inquilinos del edificio y nos dicen que éste es un inmueble un tanto extraño, que en las dos primeras plantas sólo hay hostales y que el resto está deshabitado. Bueno, en la última planta se están arreglando una buhardillas para alquiler…

Divididos por parejas y con la pegatina de «Desahucios S.A. Compañía Nacional de Precarizaciones» pegada al pecho (aunque no todo el mundo se atreve a ponérsela porque, pese a formar parte de la puesta en escena de este pequeño fake, la banderita hispánica que la acompaña provoca justificadas alergias al personal), nos dispersamos por las escaleras y cada cual se dirige a una de las puertas. Tres son los personajes con los que nos encontramos. La malhumorada empleada de hostal de la primera planta, el locuaz dueño del hostal de la segunda y una joven mujer italiana que, junto a su hermana, el bebé de ésta, y su propia hija están considerando la posibilidad de alquilar un piso en el edificio.

Con la primera lo que se produce es más un desencuentro que otra cosa. No quiere saber nada de España S.A. No le preocupa la posibilidad del desahucio pues esto compete a la dueña y, en todo caso, nos dice con voz y mirada destempladas, sería mejor que nos ocupáramos de nuestros asuntos que ella ya se ocupará de los suyos… Pero lo más increíble del asunto, más que su suicida e insolidaria indiferencia, es que no pone en duda que somos quienes decimos: es decir, unos empleados de la comisión de desahucios de España S.A que, ante la posibilidad más que probable de un inminente desahucio quieren consultar a los futuros afectados sobre el modo menos traumático con el que quieren afrontarlo. ¿Qué pensar sobre esta ingenuidad? Es que la gente ya se espera cualquier cosa o sólo es esta señora, que es algo naïve?

En todo caso, ella es la única persona ante la que nos hacemos pasar por desahuciadores. A los otros dos les explicamos enseguida de qué va la cosa, cómo esta inmobiliaria lleva a cabo una política sistemática de alquilar y, paralelamente, inicia procesos de desahucio a los recién estrenados inquilinos para poder subir más rápido los alquileres con el más absoluto desprecio por el valor social de la vivienda y la más depredadora y despiadada conducta hacia las desprevenidas personas que caen en las garras de su propiedad.

El dueño del hostal nos cuenta que sí, efectivamente, en este edificio, acaban de irse un par de amigos que compartían casa y a quienes Don Jesús (que así llaman por estos lares al representante y máximo accionista de España S.A), ya había amenazado con el desahucio. Y ¿por qué? Pues porque decía que si usaban la casa como estudio de pintura… Los hostales tenían renta antigua y se habían acogido a la posibilidad de actualizarla (la ley Boyer), de modo que pagaban un precio bastante inferior al habitual, pero mucho mayor que el antiguo. Que Don Jesús sí debía tener buenos contactos y “buena mano” en el ayuntamiento porque había conseguido reconvertir los trasteros abuhardillados del último piso en pequeñas buhardillas (24 metros cuadrados) y permisos para alquilarlas como viviendas de lujo (pese a ser claramente infraviviendas). Discutimos un poco con él sobre cuáles son las libertades que puede tomarse un inquilino en una casa que no es suya: él nos recuerda que no se puede hacer lo que uno quiera en la casa que se alquila, que no se puede convertir en empresa o en lugar de trabajo sin pagar los correspondientes impuestos, sin reunir las necesarias condiciones… Pero, tras sus palabras parece subyacer, latente, el miedo del propietario potencial a la invasión de la propiedad privada por parte de los inquilinos, esos bárbaros …

Con respecto a la chica italiana, tiene todos los números para participar en la tómbola siniestra de desahucios de España S.A.: poco dinero (las casas que España S.A. alquila en estos casos suelen estar en mal estado y, por ende, por debajo del precio del mercado), urgencia por alquilar (acaba de llegar a este país y necesita instalarse lo antes posible por las niñas), unidad de convivencia que no se ajusta a los cánones de la inmobiliaria (unas hermanas que, además, son madres solteras, en vez de la familia tradicional, padre, madre y descendencia legítima y servicio doméstico, claro, que parece ser el único lazo no consanguíneo que España S.A es capaz de contemplar en una relación de convivencia). Por eso hablamos largo y tendido con ella, le contamos nuestra experiencia y le pasamos el e-mail de contacto.

En definitiva, ¿qué sacamos en claro de esta acción? Ha funcionado como pequeño dispositivo de comunicación, entre nosotras y con los habitantes/deambulantes del edificio, puesto que hemos compartido experiencias, visto la necesidad de profundizar en qué está pasando en el mundo de los alquileres y sentido el deseo de desplegar recursos de denuncia y autodefensa (un taller en septiembre, un e-mail de contacto…). Lo cual ha abierto la posibilidad de unas incipientes alianzas en torno a esta problemática de la vivienda de alquiler y contra los tiburones de la especulación.

Y, de paso, hemos llevado a cabo una básica acción de justicia desde abajo, señalando, marcando, desvelando a unos responsables concretos de la creciente precarización de nuestras vidas: a España S. A.


Política en el umbral de la puerta de tu casa.
Pza Vara del Rey, 11. 19 horas. 7 de Julio de 2005. Madrid.

Llegamos al edificio unas quince personas, cuestionarios y panfletos informativos en mano y pegatina en pecho, éramos representantes de “Desahucios S.A.”. Unos metros antes alguien se adelantó para conocer el número de viviendas, su disposición en el edificio y para advertir la presencia, o no, de porter@ (“colaborador@ necesari@” de España S.A. en otros casos de desahucio que ya conocíamos). Dos personas se quedarían explicándole nuestra actividad encuest(ion)adora, mientras que el resto pasaría con rapidez hacia las escaleras. En la calle, antes de entrar, repaso rápido de nuestros objetivos (conocer, informar y tejer alianzas); distribución por parejas; y tras un breve momento de aliento colectivo -como si fuéramos un equipo de deportistas en el vestuario antes de saltar al terreno de juego- pasamos decididos a hacer política en la misma frontera entre lo íntimo- privado y lo público, en la entrada de cada vivienda.

En ese espacio privilegiado nos encontramos básicamente con tres situaciones -y con la no situación mayoritaria de pisos vacíos en reforma-. La primera: personas mayores con 30, y hasta 50 años de alquiler, que nos comentaban que no habían oído hablar de desahucios en el edificio –incluso nos aseguraron en un caso, que tales desahucios no existían. La segunda, unos pisos más abajo, alguien inmerso en un proceso de desahucio. La tercera, vecinas interesadas y preocupadas al reconocerse en nuestra interpelación resistente y problematizadora. En realidad, la interpelación era mutua. No quedaba claro quien preguntaba y quien respondía, quien estaba dentro y quien fuera. Como había ocurrido bromeando en un “ensayo” unas horas antes, el umbral de la puerta marcaba dos espacios reversibles en donde no podríamos asegurar quién había tocado el timbre y quién había abierto la puerta. Por eso, en nuestra conversación final con el portero de la finca que apareció alarmado por nuestro hormigueo por escaleras y pasillos, rebatíamos esa distinción con la que nos invitaba a salir del portal hacia la calle. Nos decía que “las protestas no se hacen en una propiedad privada, hay otros lugares”. ¡Eso! sobre todo hay que guardar las formas, o más bien los lugares: la política sólo para los espacios públicos; pero, el control y la vulneración de derechos... ¡hasta en lo más íntimo! Sin duda él conocía bien de que hablábamos. Empezó, entre ingenuo y despistado, sosteniendo la legitimidad del desahucio de quien no paga, para verse finalmente tratando de defender lo indefendible: un uso tramposo y de mala fe de la letra pequeña de los contratos de alquiler para alimentar la rapiña de sus jefes.

Con éstas y otras reflexiones volvíamos comentando la jugada camino de nuestro punto de reunión con el resto de grupos. De cualquier modo, quedó claro que la resistencia y la politización colectiva de/en nuestra vida cotidiana pasa también por los mismos espacios en los que la vida se ha hecho política: hoy, por el umbral de la puerta de tu casa.



Panfleto repartido durante la acción


¡La bolsa, la casa y la vida!
Resistencias precarias contra la rapiña de los corsarios del ladrillo.

Los periódicos hablan de «burbuja inmobiliaria» y pareciera como si los precios exorbitados de la vivienda en Madrid (y en otras ciudades Europa), el brevísimo periodo de renovación obligatoria de los contratos de alquiler, los tamaños cada vez más reducidos de los pisos o la obviedad de que cada vez haya más «casas sin gente y gente sin casa», dependieran de una especie de fenómeno natural o astrológico, en todo caso abstracto, inaferrable. Sin embargo, los agentes que lo alimentan tienen entidad física y jurídica: organismos financieros, empresas del sector constructor-inmobiliario y políticas públicas se combinan para volver el acceso a la vivienda cada vez más imposible e inestable para un gran sector de la población.
España S.A., Compañía Nacional de Seguros, fundada en 1928, galardonada en 1998 por el entonces ministro de Economía y Hacienda Rodrigo Rato con la Medalla al Mérito en el Seguro, se encuentra entre estos agentes. A través de sus seguros de vida y sus planes de pensiones vende seguridad en un mundo donde todo parece cada vez más inestable y la ansiedad sobre el futuro lanza a miles de ciudadanos en manos del prozac, los libros de autoayuda y la consulta del psicólogo. Por otro lado, sin embargo, a través de su Departamento inmobiliario y de su voraz política de alquileres, reparte precariedad e incertidumbre a diestro y siniestro. Impone contratos draconianos, que luego, apoyándose en agencias de detectives privados ad-hoc y en la colaboración de los porteros, le permiten abrir procesos de desahucio con la mínima excusa, acortando el periodo de alquiler (¡como si no fueran ya cortos los míseros cinco años establecidos por la funesta Ley Boyer!): con ello, consigue acelerar la rotación de inquilinos e incrementar los alquileres cada año por encima del IPC. Ni siquiera necesita que los tribunales le den la razón: en muchas ocasiones, con la mera interposición de la demanda, consigue que los inquilinos, tal vez faltos de fuerzas y/o recursos para afrontar un juicio, con el miedo metido ya en el cuerpo y en los sueños, abandonen directamente la vivienda, renunciando a sus derechos más elementales.
Uno de los pretextos más habituales para el desahucio es que vivan en el piso alquilado otras personas además de la titular del contrato que no estén ligadas a ésta por ningún lazo de sangre, boda o contrato de servicio doméstico. Por ello, entre los principales afectados de esta política de precarización de la vivienda, se encuentran los miles de jóvenes que deciden vivir en pisos compartidos y, así, crear un pequeño espacio de cooperación cotidiana que contribuya a amortiguar parcialmente la inestabilidad generalizada, compartiendo el alquiler y los gastos de las facturas, pero también las penas, los sustos y las alegrías de la vida en la cuerda floja.
Algunas de esas jóvenes, pre o pos desahuciadas por España S.A., pero también hartas de los corsarios del ladrillo en general, de que nuestra renta se consuma en alquileres de pisos que luego siempre nos toca abandonar (por desahucio o por vencimiento de contrato a los cinco años), de que se nos ponga ante la terrible disyuntiva de aceptar la inestabilidad permanente en la vivienda de alquiler o abrazar una hipoteca que nos ate de por vida, hemos venido aquí: para buscar a otras pre- o pos- desahuciadas como nosotras y para señalar con el dedo los flamantes edificios y oficinas de unos canallas que se enriquecen a costa del miedo de los demás.
Si todo esto te resulta familiar, quieres comentarnos tu situación y/o tejer alianzas con nosotras para afrontar colectivamente estas situaciones, escribe a desahucios_sa@yahoo.com


Encuesta


Buenos días,
cada vez más inquilinos de España SA, Compañía Nacional de Precarizaciones, son desahuciados antes del vencimiento de sus contratos de 5 años: nuestros detectives privados nos informan de jóvenes que se ponen a vivir juntos en los pisos alquilados sin estar casados reglamentariamente, multitud de gente no lee con detenimiento la letra pequeña de nuestros contratos, etc. Por esa razón, España SA ha decidido diseñar toda una gama variada de ofertas que atañen a los distintos momentos del proceso de desahucio. Queremos ayudar todo lo posible a hacer las cosas más llevaderas en ese difícil trance que es ser expulsado de la propia casa. Esta encuesta trata de aprender algo más sobre los perfiles, los gustos y las inclinaciones de nuestros inquilinos con tal fin.


1. ¿Hay algo que le desagrade especialmente en la idea de ser vigilado por nuestros detectives privados?
No, si se trata de profesionales eficientes, que no se extralimitan en su trabajo ni abusan de su posición.
No, me parece justo que se pueda verificar si se vive según lo estipulado en el contrato imposible de España SA.
No, incluso puede ser divertido, un aliciente cotidiano: gabardinas, periódicos al revés con agujeros, regates en portería, audaces allanamientos de morada.

2. En el caso de un juicio contra usted por no cumplir el contrato imposible de España SA, ¿quien le sería más llevadero que testificase sobre su modo de vida delictivo?
Creo que alguien de portería podría delatarme con suficiente conocimiento de causa.
Confío en los vecinos de al lado para ese menester.
Yo mismo podría confesar.

3. Cuando le llegue la hora, ¿cómo le gustaría ser desalojado de su hogar?
Saldré de casa por mi propio pie, dignamente (desalojo integral).
Con sigilo, ante todo sin que se enteren los vecinos (desalojo discreto).
Con brutalidad: presencia de antidisturbios, la puerta abajo, armas largas, gases lacrimógenos, eventualmente chorros de napalm (desalojo violento).

4. ¿Qué tipo de complementos le gustaría ver asociados a su desalojo?
Ayuda psicológica (abrazos de consuelo por parte de un experto, terapias budistas de distanciamiento).
Salva de aplausos ya en la calle organizada por una compañía especializada en aplausos.
Me gustaría poder desahogarme e intercambiar una serie de insultos y empujones con una compañía de seguridad entrenada en la violencia moderada.

5. ¿Le gustaría que dispensáramos un trato homogéneo a los habitantes de su casa?
Sí, todos a una, como en Fuenteovejuna.
No, me gustaría consolar en parte la humillación del desalojo viendo al servicio doméstico zarandeado por profesionales de toda confianza en la materia.
Creo que se podría ser algo más enérgico según la edad.



BANDO MUNICIPAL



El excelentísimo Ayuntamiento de Madrid tiene el honor y la alegría de hacer saber a sus respetados/as y queridos/as ciudadanos/as que para celebrar la concesión a España S.A., ilustre y consolidada empresa aseguradora e inmobiliaria de pro, la Medalla al Mérito en el Desahucio en la Categoría de Oro (Boletín Oficial del Estado. Orden del 4 de julio de 2005), la Concejalía Municipal de la Vivienda y la citada empresa han firmado un acuerdo por el cual ambas entidades se comprometen a ofrecer en alquiler para los ciudadanos de la Villa, al precio simbólico de 1 euro el metro cuadrado, 100 casas unifamiliares en la zona Centro de la ciudad.

Gracias a la generosidad de la empresa y a la infatigable labor municipal en pro del bienestar de los/as madrileños/as, estas viviendas de alquiler saldrán a oferta pública el próximo viernes 8 de julio. Para solicitarlas, los interesados/as pueden dirigirse a las oficinas de la empresa, sita en c/ Príncipe de Vergara 38, 1º dcha en horario de 10:00 a 14:00 horas o llamar al teléfono 914355980, en el que el representante de la empresa, Jesús Huerta Ballester, gustoso, les atenderá personalmente.

Antes de iniciar los trámites de la solicitud, lean detenidamente las condiciones y requisitos que pasamos a explicarles seguidamente.

El disfrute del alquiler se verá interrumpido, mediante el correspondiente procedimiento de desahucio por el que esta empresa ha sido galardonada, cuando:

• la empresa le deje de considerar un inquilino respetable: porque su familia no sea como Dios manda (que no se ajuste a la ecuación manzana y pera de toda la vida, por ejemplo); porque usted no tenga trabajo fijo (o peor, no quiera tenerlo); porque usted sea una sospechosa sinpapeles; o porque, simplemente, haya decidido amortiguar parcialmente las dificultades de la vida compartiendo el alquiler, las alegrías y las penas con amigas/os o haya apostado por alguna otra extravagante combinación de convivencia no consanguínea.

• Y, en general, se dé una permanencia excesiva en la vivienda alquilada u otra actitud que impida que España S.A. siga obteniendo el mayor provecho económico de este servicio inmobiliario orientado a la comunidad normalizada y a la maximización del beneficio.

A lo que declaramos para los efectos oportunos:

¡Generosidad sí, pero no para perder dinero!